Examen resuelto de Lengua Castellana y Literatura II — Ordinaria 2026
ULTRAPROCESAR EL TIEMPO
Es la comida y, a la vez, es todo lo demás. Son los ultraprocesados, en cuyos efectos sobre la salud han coincidido ahora varios estudios. No es un problema que esté en la nevera: en la nevera es donde uno lo ve mejor. Es la invasión de este tipo de alimentos que, según The Lancet, promueve la industria “por el afán de lucro empresarial”. Nada nuevo, dirán, pero ya se sabe lo que pasa con lo más obvio: que suele darse por hecho.
Son los ultraprocesados, pero está también lo demás: el modo de vida, la productividad exigente, la exigencia con uno mismo y la cultura de la competición. Es la culpa por no llegar, la falta de tiempo y a ver si un día me pongo y a ver si un día nos vemos, y el por un día no pasa nada o el hoy no me apetece. Muchas veces es eso: que nos decimos no me apetece por no decirnos que no podemos ya, y lo que llega a casa no somos nosotros sino lo que queda de nosotros.
Es la comida, pero no solo. Es el capitalismo en el reloj. Son las extraescolares y la organización de la familia, el no doy para más y hoy tendrán que ser estos precocinados porque no hay más remedio. Son las horas extras y son, por supuesto, los precios: que ojalá se pudiera todos los días el mejor género y el género más fresco, pero la inflación llega a todas partes. O a casi todas: porque son también los salarios y que para aspirar a lo más grande y más básico, como una vivienda, por ejemplo, hace falta ahorrar en lo más pequeño. Son los precios, claro, pero la ecuación se queda corta si cuando se habla de los precios no se habla también de los sueldos. Será entonces, también, el afán de lucro.
Es la comida y, a la vez, es el estilo de vida, tan asumido y tan corriente que casi parece el orden natural del mundo. Tan opuesto a la dieta mediterránea que, desde luego, no era sólo una serie de ingredientes saludables, sino una manera pausada de tomarnos a nosotros mismos. Era, en fin, el uso del tiempo y la forma en la que podamos vivir la vida que queramos. A ser posible, sin ultraprocesar.
José Luis Sastre, El País
Resuma el texto indicando el tema, la tesis y las ideas principales.
a) Son los ultraprocesados. […] A ser posible, sin ultraprocesar. (Líneas 1 y 24)
b) No es un problema que esté en la nevera: en la nevera es donde uno lo ve mejor. (Líneas 2-3)
c) Es la comida […] la dieta mediterránea […] ingredientes saludables. (Líneas 20-22)
d) Era, en fin, el uso del tiempo. (Línea 23)
Analice sintácticamente lo que aparece subrayado en el siguiente fragmento:
Es la invasión de este tipo de alimentos que, según The Lancet, promueve la industria “por el afán de lucro empresarial”.
Responda a UNA de las dos preguntas siguientes:
obvio (línea 5), corriente (línea 20)
ultraprocesados (línea 1), esté (línea 2)
TEXTO A (Fragmento de Luces de Bohemia, de Ramón María del Valle-Inclán, Escena 4)
1 [...] La Buñolería entreabre su puerta, y del antro apestoso de aceite van saliendo deshilados,
2 uno a uno, en fila india, los Epígonos del Parnaso Modernista: RAFAEL DE LOS VÉLEZ,
3 DORIO DE GADEX, LUCIO VERO, MÍNGUEZ, GÁLVEZ, CLARINITO y PÉREZ.– Unos son
4 largos, tristes y flacos, otros vivaces, chaparros y carillenos. DORIO DE GADEX, jovial como
5 un trasgo, irónico como un ateniense, ceceoso como un cañí, mima su saludo versallesco y
6 grotesco.
7 DORIO DE GADEX: ¡Padre y Maestro Mágico, salud!
8 MAX: ¡Salud, Don Dorio!
9 DORIO DE GADEX: ¡Maestro, usted no ha temido el rebuzno libertario del honrado pueblo!
10 MAX: ¡El épico rugido del mar! ¡Yo no me siento pueblo!
11 DORIO DE GADEX: ¡Yo, no!
12 MAX: ¡Porque eres un botarate!
13 DORIO DE GADEX: ¡Maestro, pongámonos el traje de luces de la cortesía! ¡Maestro, usted
14 tampoco se siente pueblo! Usted es un poeta, y los poetas somos aristocracia. Como dice Ibsen,
15 las multitudes y las montañas se unen siempre por la base.
16 MAX: ¡No me aburras con Ibsen!
17 PÉREZ: ¿Se ha hecho usted crítico de teatros, Don Max?
18 DORIO DE GADEX: ¡Calla, Pérez!
19 DON LATINO: Aquí sólo hablan los genios.
20 MAX: Yo me siento pueblo. Yo había nacido para ser tribuno de la plebe, y me acanallé
21 perpetrando traducciones y haciendo versos. ¡Eso sí, mejores que los hacéis los modernistas!
22 DORIO DE GADEX: Maestro, preséntese usted a un sillón de la Academia.
23 MAX: No lo digas en burla, idiota. ¡Me sobran méritos! Pero esa prensa miserable me boicotea.
24 Odian mi rebeldía y odian mi talento. Para medrar hay que ser agradador de todos los
25 Segismundos. ¡El Buey Apis me despide como a un criado! ¡La Academia me ignora! ¡Y soy el
26 primer poeta de España! ¡El primero! ¡El primero! ¡Y ayuno! ¡Y no me humillo pidiendo limosna!
27 ¡Y no me parte un rayo! ¡Yo soy el verdadero inmortal, y no esos cabrones del cotarro académico!
28 ¡Muera Maura!
Elija UNO de los textos propuestos y responda a las dos preguntas siguientes:
TEXTO B (Fragmento de El camino, de Miguel Delibes)
Capítulo I
[…] —No, el chico será otra cosa. No lo dudes —decía su padre—. No pasará la vida amarrado a este banco como un esclavo. Bueno, como un esclavo y como yo.
Y, al decir esto, soltó una palabrota y golpeó en el entremijo con el puño crispado. Aparentaba estar enfadado con alguien, aunque Daniel, el Mochuelo, no acabara de discernir con quién. Entonces Daniel no sabía que los hombres se enfurecen a veces con la vida y contra un orden de cosas que consideran irritante y desigual. A Daniel, el Mochuelo, le gustaba ver airado a su padre porque sus ojos echaban chiribitas y los músculos del rostro se le endurecían y, entonces, detentaba una cierta similitud con Paco, el herrero.
—Pero no podemos separarnos de él —dijo la madre—. Es nuestro único hijo. Si siquiera tuviéramos una niña. Pero mi vientre está seco, tú lo sabes. No podremos tener una hija ya. Don Ricardo dijo, la última vez, que he quedado estéril después del aborto.
Su padre juró otra vez, entre dientes. Luego, sin moverse de su postura, añadió:
—Déjalo; eso ya no tiene remedio. No escarbes en las cosas que ya no tienen remedio.
La madre gimoteó, mientras recogía en un bote oxidado las migas de pan abandonadas encima de la mesa. Aún insistió débilmente:
—A lo mejor el chico no vale para estudiar. Todo esto es prematuro. Y un chico en la ciudad es muy costoso. Eso puede hacerlo Ramón, el boticario, o el señor juez. Nosotros no podemos hacerlo. No tenemos dinero.
Su padre empezó a dar vueltas nerviosas a una abadera entre las manos. Daniel, el Mochuelo, comprendió que su padre se dominaba para no exacerbar el dolor de su mujer. Al cabo de un rato añadió:
—Eso quédalo de mi cuenta. En cuanto a si el chico vale o no vale para estudiar depende de si tiene cuartos o si no los tiene. Tú me comprendes.
Se puso en pie y con el gancho de la lumbre desparramó las ascuas que aún relucían en el hogar. Su madre se había sentado, con las bastas manos desmayadas en el regazo. Repentinamente se sentía extenuada y nula, absurdamente vacua e indefensa. El padre se dirigía de nuevo a ella:
—Es cosa decidida. No me hagas hablar más de esto. En cuanto el chico cumpla once años marchará a la ciudad a empezar el grado.
Elija UNO de los textos propuestos y responda a las dos preguntas siguientes:
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