Examen resuelto de Lengua Castellana y Literatura II — Ordinaria 2026
DARWIN SIEMPRE GANA
LUCÍA SESMA PRIETO filóloga
Fuente: Muy interesante 1/2026 nº 535
Las noticias ayudan poco a ver el aspecto amable de las cosas. A las guerras, el cambio climático, los líderes tiránicos, la crisis de la vivienda y la muerte de Jane Goodall, ahora se suma la amenaza de quiebra de la empresa Mr. Wonderful. El señor maravilloso tiene alguna complicación para poner en práctica su propia filosofía. La marca es conocida por la comercialización de diversos tipos de soportes: tazas, agendas, llaveros, bolsas, paraguas y un sinfín de bagatelas, donde imprime las llamadas «frases motivadoras»: «Alegría desde primera hora del día», «Si lo crees, lo creas», «Con ganas, seguro que ganas»... En un principio, no parece mala idea que, aunque sea solo en el café de la mañana, leamos algo agradable. El poder de las palabras es extraordinario, pero no infinito. Para que aquello que nos digamos a nosotros mismos y a los demás tenga una verdadera consecuencia positiva requiere algo más que cuatro palabras simpáticas junto a un zurullito sonriente. La ciencia nos aporta algunas claves que demuestran la capacidad de la palabra a la hora de vivir mejor.
LA CIENCIA BENEFICIA, Y MUCHO, A LA SALUD. La neurolingüística nos confirma que ser amables mediante nuestro lenguaje y nuestras acciones favorece la salud mental y, además, la física. El neurocientífico Jonathan Benito, en El poder de la amabilidad, habla de la curiosa historia de la evolución del lobo al perro, con el que comparte el noventa y nueve por ciento de su información genética. El «lobo terrible» es como se llamaba a una especie ya extinta: el Canis dirus, una especie agresiva, temible y violenta. Hasta llegar a convertirse en el mejor amigo del hombre han pasado milenios y la clave de esta transformación reside en la prosociabilidad; es decir, un comportamiento de interacción basado en la cordialidad. Los lobos firmaron su supervivencia cuando comenzaron a relacionarse con los humanos. En la búsqueda de alimento dentro de los poblados, encontraron un beneficio extra al mero sustento.
Hallaron un modo de vida que les permitía perpetuarse, la felicidad biológica para la que todos los seres vivos están condicionados genéticamente: mantenerse con vida y reproducirse. Igual sucedió con los primeros Homo sapiens cuando al llegar a Europa se toparon con los neandertales, unos seres inteligentes, duros frente a circunstancias climáticas extremas, con lenguaje e incluso con cierto sentimiento espiritual que los llevaba a enterrar a sus muertos. Desaparecieron hace unos cuarenta mil años y, aunque las causas son múltiples, tal vez una fue la falta de habilidad en las relaciones con otros neandertales que, al final, resolvían con brutalidad.
LA AMABILIDAD NOS SALVÓ COMO ESPECIE y también en otras ocasiones más anecdóticas, pero no menos importantes. Ese día en que sin saber qué significaba «diálogo interno positivo» lo pusiste en práctica, sin frases de medio pelo, con plena conciencia. En una conversación te dio por preguntar en vez de imponer, escuchaste atentamente, saludaste e incluso sonreíste; puede que pensaras que el otro no llevaba la razón, pero te dijiste, «oye, quizás esta vez quien no la lleve soy yo». Dejaste de llamarte inútil, tonto, incapaz, culpable; por tu culpa, por tu culpa, por tu gran culpa. Borraste del diccionario «y si...», «Siempre», «nunca» y otros augurios improbables, que dejaste en manos de adivinos del futuro incierto. Actuaste lo mejor que pudiste, porque el tema de los milagros lo llevan otros. Desprecias a quienes escupen por la calle, suben el volumen del móvil en los hospitales, hablan en el cine, comen con la boca abierta y una mano bajo la mesa, tocan el claxon sin motivo, disfrutan con el sadismo laboral; se ríen de los miopes, las obesas y los mayores y no se te ocurra chistarlos. Pero te has acordado del Canis dirus, los neandertales y la sonrisa que alguien te devolvió. Ahora, solo queda esperar a que Darwin haga su trabajo... ☐
Elija el mejor tema de este texto (0,5 puntos):
a. Alabanza del optimismo comercial y de las marcas que fomentan la felicidad mediante productos de consumo.
b. Defensa de la amabilidad y del uso consciente del lenguaje para el bienestar personal, la salud y la supervivencia.
c. Explicación de la evolución biológica de distintas especies a partir de sus capacidades genéticas y cognitivas.
d. Reflexión sobre la decadencia de los valores sociales y el aumento de conductas incívicas en la vida cotidiana.
DARWIN SIEMPRE GANA
LUCÍA SESMA PRIETO filóloga
Fuente: Muy interesante 1/2026 nº 535
Las noticias ayudan poco a ver el aspecto amable de las cosas. A las guerras, el cambio climático, los líderes tiránicos, la crisis de la vivienda y la muerte de Jane Goodall, ahora se suma la amenaza de quiebra de la empresa Mr. Wonderful. El señor maravilloso tiene alguna complicación para poner en práctica su propia filosofía. La marca es conocida por la comercialización de diversos tipos de soportes: tazas, agendas, llaveros, bolsas, paraguas y un sinfín de bagatelas, donde imprime las llamadas «frases motivadoras»: «Alegría desde primera hora del día», «Si lo crees, lo creas», «Con ganas, seguro que ganas»... En un principio, no parece mala idea que, aunque sea solo en el café de la mañana, leamos algo agradable. El poder de las palabras es extraordinario, pero no infinito. Para que aquello que nos digamos a nosotros mismos y a los demás tenga una verdadera consecuencia positiva requiere algo más que cuatro palabras simpáticas junto a un zurullito sonriente. La ciencia nos aporta algunas claves que demuestran la capacidad de la palabra a la hora de vivir mejor.
LA CIENCIA BENEFICIA, Y MUCHO, A LA SALUD. La neurolingüística nos confirma que ser amables mediante nuestro lenguaje y nuestras acciones favorece la salud mental y, además, la física. El neurocientífico Jonathan Benito, en El poder de la amabilidad, habla de la curiosa historia de la evolución del lobo al perro, con el que comparte el noventa y nueve por ciento de su información genética. El «lobo terrible» es como se llamaba a una especie ya extinta: el Canis dirus, una especie agresiva, temible y violenta. Hasta llegar a convertirse en el mejor amigo del hombre han pasado milenios y la clave de esta transformación reside en la prosociabilidad; es decir, un comportamiento de interacción basado en la cordialidad. Los lobos firmaron su supervivencia cuando comenzaron a relacionarse con los humanos. En la búsqueda de alimento dentro de los poblados, encontraron un beneficio extra al mero sustento.
Hallaron un modo de vida que les permitía perpetuarse, la felicidad biológica para la que todos los seres vivos están condicionados genéticamente: mantenerse con vida y reproducirse. Igual sucedió con los primeros Homo sapiens cuando al llegar a Europa se toparon con los neandertales, unos seres inteligentes, duros frente a circunstancias climáticas extremas, con lenguaje e incluso con cierto sentimiento espiritual que los llevaba a enterrar a sus muertos. Desaparecieron hace unos cuarenta mil años y, aunque las causas son múltiples, tal vez una fue la falta de habilidad en las relaciones con otros neandertales que, al final, resolvían con brutalidad.
LA AMABILIDAD NOS SALVÓ COMO ESPECIE y también en otras ocasiones más anecdóticas, pero no menos importantes. Ese día en que sin saber qué significaba «diálogo interno positivo» lo pusiste en práctica, sin frases de medio pelo, con plena conciencia. En una conversación te dio por preguntar en vez de imponer, escuchaste atentamente, saludaste e incluso sonreíste; puede que pensaras que el otro no llevaba la razón, pero te dijiste, «oye, quizás esta vez quien no la lleve soy yo». Dejaste de llamarte inútil, tonto, incapaz, culpable; por tu culpa, por tu culpa, por tu gran culpa. Borraste del diccionario «y si...», «Siempre», «nunca» y otros augurios improbables, que dejaste en manos de adivinos del futuro incierto. Actuaste lo mejor que pudiste, porque el tema de los milagros lo llevan otros. Desprecias a quienes escupen por la calle, suben el volumen del móvil en los hospitales, hablan en el cine, comen con la boca abierta y una mano bajo la mesa, tocan el claxon sin motivo, disfrutan con el sadismo laboral; se ríen de los miopes, las obesas y los mayores y no se te ocurra chistarlos. Pero te has acordado del Canis dirus, los neandertales y la sonrisa que alguien te devolvió. Ahora, solo queda esperar a que Darwin haga su trabajo... ☐
Resuma el texto (100-120 palabras) (1,5 puntos).
DARWIN SIEMPRE GANA
LUCÍA SESMA PRIETO filóloga
Fuente: Muy interesante 1/2026 nº 535
Las noticias ayudan poco a ver el aspecto amable de las cosas. A las guerras, el cambio climático, los líderes tiránicos, la crisis de la vivienda y la muerte de Jane Goodall, ahora se suma la amenaza de quiebra de la empresa Mr. Wonderful. El señor maravilloso tiene alguna complicación para poner en práctica su propia filosofía. La marca es conocida por la comercialización de diversos tipos de soportes: tazas, agendas, llaveros, bolsas, paraguas y un sinfín de bagatelas, donde imprime las llamadas «frases motivadoras»: «Alegría desde primera hora del día», «Si lo crees, lo creas», «Con ganas, seguro que ganas»... En un principio, no parece mala idea que, aunque sea solo en el café de la mañana, leamos algo agradable. El poder de las palabras es extraordinario, pero no infinito. Para que aquello que nos digamos a nosotros mismos y a los demás tenga una verdadera consecuencia positiva requiere algo más que cuatro palabras simpáticas junto a un zurullito sonriente. La ciencia nos aporta algunas claves que demuestran la capacidad de la palabra a la hora de vivir mejor.
LA CIENCIA BENEFICIA, Y MUCHO, A LA SALUD. La neurolingüística nos confirma que ser amables mediante nuestro lenguaje y nuestras acciones favorece la salud mental y, además, la física. El neurocientífico Jonathan Benito, en El poder de la amabilidad, habla de la curiosa historia de la evolución del lobo al perro, con el que comparte el noventa y nueve por ciento de su información genética. El «lobo terrible» es como se llamaba a una especie ya extinta: el Canis dirus, una especie agresiva, temible y violenta. Hasta llegar a convertirse en el mejor amigo del hombre han pasado milenios y la clave de esta transformación reside en la prosociabilidad; es decir, un comportamiento de interacción basado en la cordialidad. Los lobos firmaron su supervivencia cuando comenzaron a relacionarse con los humanos. En la búsqueda de alimento dentro de los poblados, encontraron un beneficio extra al mero sustento.
Hallaron un modo de vida que les permitía perpetuarse, la felicidad biológica para la que todos los seres vivos están condicionados genéticamente: mantenerse con vida y reproducirse. Igual sucedió con los primeros Homo sapiens cuando al llegar a Europa se toparon con los neandertales, unos seres inteligentes, duros frente a circunstancias climáticas extremas, con lenguaje e incluso con cierto sentimiento espiritual que los llevaba a enterrar a sus muertos. Desaparecieron hace unos cuarenta mil años y, aunque las causas son múltiples, tal vez una fue la falta de habilidad en las relaciones con otros neandertales que, al final, resolvían con brutalidad.
LA AMABILIDAD NOS SALVÓ COMO ESPECIE y también en otras ocasiones más anecdóticas, pero no menos importantes. Ese día en que sin saber qué significaba «diálogo interno positivo» lo pusiste en práctica, sin frases de medio pelo, con plena conciencia. En una conversación te dio por preguntar en vez de imponer, escuchaste atentamente, saludaste e incluso sonreíste; puede que pensaras que el otro no llevaba la razón, pero te dijiste, «oye, quizás esta vez quien no la lleve soy yo». Dejaste de llamarte inútil, tonto, incapaz, culpable; por tu culpa, por tu culpa, por tu gran culpa. Borraste del diccionario «y si...», «Siempre», «nunca» y otros augurios improbables, que dejaste en manos de adivinos del futuro incierto. Actuaste lo mejor que pudiste, porque el tema de los milagros lo llevan otros. Desprecias a quienes escupen por la calle, suben el volumen del móvil en los hospitales, hablan en el cine, comen con la boca abierta y una mano bajo la mesa, tocan el claxon sin motivo, disfrutan con el sadismo laboral; se ríen de los miopes, las obesas y los mayores y no se te ocurra chistarlos. Pero te has acordado del Canis dirus, los neandertales y la sonrisa que alguien te devolvió. Ahora, solo queda esperar a que Darwin haga su trabajo... ☐
Explique el sentido de la última oración del texto “Ahora, solo queda esperar a que Darwin haga su trabajo...” (0,5 puntos).
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Las noticias ayudan poco a ver el aspecto amable de las cosas. A las guerras, el cambio climático, los líderes tiránicos, la crisis de la vivienda y la muerte de Jane Goodall, ahora se suma la amenaza de quiebra de la empresa Mr. Wonderful. El señor maravilloso tiene alguna complicación para poner en práctica su propia filosofía. La marca es conocida por la comercialización de diversos tipos de soportes: tazas, agendas, llaveros, bolsas, paraguas y un sinfín de bagatelas, donde imprime las llamadas «frases motivadoras»: «Alegría desde primera hora del día», «Si lo crees, lo creas», «Con ganas, seguro que ganas»... En un principio, no parece mala idea que, aunque sea solo en el café de la mañana, leamos algo agradable. El poder de las palabras es extraordinario, pero no infinito. Para que aquello que nos digamos a nosotros mismos y a los demás tenga una verdadera consecuencia positiva requiere algo más que cuatro palabras simpáticas junto a un zurullito sonriente. La ciencia nos aporta algunas claves que demuestran la capacidad de la palabra a la hora de vivir mejor.
LA CIENCIA BENEFICIA, Y MUCHO, A LA SALUD. La neurolingüística nos confirma que ser amables mediante nuestro lenguaje y nuestras acciones favorece la salud mental y, además, la física. El neurocientífico Jonathan Benito, en El poder de la amabilidad, habla de la curiosa historia de la evolución del lobo al perro, con el que comparte el noventa y nueve por ciento de su información genética. El «lobo terrible» es como se llamaba a una especie ya extinta: el Canis dirus, una especie agresiva, temible y violenta. Hasta llegar a convertirse en el mejor amigo del hombre han pasado milenios y la clave de esta transformación reside en la prosociabilidad; es decir, un comportamiento de interacción basado en la cordialidad. Los lobos firmaron su supervivencia cuando comenzaron a relacionarse con los humanos. En la búsqueda de alimento dentro de los poblados, encontraron un beneficio extra al mero sustento.
Hallaron un modo de vida que les permitía perpetuarse, la felicidad biológica para la que todos los seres vivos están condicionados genéticamente: mantenerse con vida y reproducirse. Igual sucedió con los primeros Homo sapiens cuando al llegar a Europa se toparon con los neandertales, unos seres inteligentes, duros frente a circunstancias climáticas extremas, con lenguaje e incluso con cierto sentimiento espiritual que los llevaba a enterrar a sus muertos. Desaparecieron hace unos cuarenta mil años y, aunque las causas son múltiples, tal vez una fue la falta de habilidad en las relaciones con otros neandertales que, al final, resolvían con brutalidad.
LA AMABILIDAD NOS SALVÓ COMO ESPECIE y también en otras ocasiones más anecdóticas, pero no menos importantes. Ese día en que sin saber qué significaba «diálogo interno positivo» lo pusiste en práctica, sin frases de medio pelo, con plena conciencia. En una conversación te dio por preguntar en vez de imponer, escuchaste atentamente, saludaste e incluso sonreíste; puede que pensaras que el otro no llevaba la razón, pero te dijiste, «oye, quizás esta vez quien no la lleve soy yo». Dejaste de llamarte inútil, tonto, incapaz, culpable; por tu culpa, por tu culpa, por tu gran culpa. Borraste del diccionario «y si...», «Siempre», «nunca» y otros augurios improbables, que dejaste en manos de adivinos del futuro incierto. Actuaste lo mejor que pudiste, porque el tema de los milagros lo llevan otros. Desprecias a quienes escupen por la calle, suben el volumen del móvil en los hospitales, hablan en el cine, comen con la boca abierta y una mano bajo la mesa, tocan el claxon sin motivo, disfrutan con el sadismo laboral; se ríen de los miopes, las obesas y los mayores y no se te ocurra chistarlos. Pero te has acordado del Canis dirus, los neandertales y la sonrisa que alguien te devolvió. Ahora, solo queda esperar a que Darwin haga su trabajo... ☐
Basándose en el contenido, redacte un texto expositivo dirigido al alumnado de un centro educativo de secundaria en el que explique cómo el lenguaje y la amabilidad influyen en la convivencia y en el bien individual (120-180 palabras) (1,5 puntos).
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Las noticias ayudan poco a ver el aspecto amable de las cosas. A las guerras, el cambio climático, los líderes tiránicos, la crisis de la vivienda y la muerte de Jane Goodall, ahora se suma la amenaza de quiebra de la empresa Mr. Wonderful. El señor maravilloso tiene alguna complicación para poner en práctica su propia filosofía. La marca es conocida por la comercialización de diversos tipos de soportes: tazas, agendas, llaveros, bolsas, paraguas y un sinfín de bagatelas, donde imprime las llamadas «frases motivadoras»: «Alegría desde primera hora del día», «Si lo crees, lo creas», «Con ganas, seguro que ganas»... En un principio, no parece mala idea que, aunque sea solo en el café de la mañana, leamos algo agradable. El poder de las palabras es extraordinario, pero no infinito. Para que aquello que nos digamos a nosotros mismos y a los demás tenga una verdadera consecuencia positiva requiere algo más que cuatro palabras simpáticas junto a un zurullito sonriente. La ciencia nos aporta algunas claves que demuestran la capacidad de la palabra a la hora de vivir mejor.
LA CIENCIA BENEFICIA, Y MUCHO, A LA SALUD. La neurolingüística nos confirma que ser amables mediante nuestro lenguaje y nuestras acciones favorece la salud mental y, además, la física. El neurocientífico Jonathan Benito, en El poder de la amabilidad, habla de la curiosa historia de la evolución del lobo al perro, con el que comparte el noventa y nueve por ciento de su información genética. El «lobo terrible» es como se llamaba a una especie ya extinta: el Canis dirus, una especie agresiva, temible y violenta. Hasta llegar a convertirse en el mejor amigo del hombre han pasado milenios y la clave de esta transformación reside en la prosociabilidad; es decir, un comportamiento de interacción basado en la cordialidad. Los lobos firmaron su supervivencia cuando comenzaron a relacionarse con los humanos. En la búsqueda de alimento dentro de los poblados, encontraron un beneficio extra al mero sustento.
Hallaron un modo de vida que les permitía perpetuarse, la felicidad biológica para la que todos los seres vivos están condicionados genéticamente: mantenerse con vida y reproducirse. Igual sucedió con los primeros Homo sapiens cuando al llegar a Europa se toparon con los neandertales, unos seres inteligentes, duros frente a circunstancias climáticas extremas, con lenguaje e incluso con cierto sentimiento espiritual que los llevaba a enterrar a sus muertos. Desaparecieron hace unos cuarenta mil años y, aunque las causas son múltiples, tal vez una fue la falta de habilidad en las relaciones con otros neandertales que, al final, resolvían con brutalidad.
LA AMABILIDAD NOS SALVÓ COMO ESPECIE y también en otras ocasiones más anecdóticas, pero no menos importantes. Ese día en que sin saber qué significaba «diálogo interno positivo» lo pusiste en práctica, sin frases de medio pelo, con plena conciencia. En una conversación te dio por preguntar en vez de imponer, escuchaste atentamente, saludaste e incluso sonreíste; puede que pensaras que el otro no llevaba la razón, pero te dijiste, «oye, quizás esta vez quien no la lleve soy yo». Dejaste de llamarte inútil, tonto, incapaz, culpable; por tu culpa, por tu culpa, por tu gran culpa. Borraste del diccionario «y si...», «Siempre», «nunca» y otros augurios improbables, que dejaste en manos de adivinos del futuro incierto. Actuaste lo mejor que pudiste, porque el tema de los milagros lo llevan otros. Desprecias a quienes escupen por la calle, suben el volumen del móvil en los hospitales, hablan en el cine, comen con la boca abierta y una mano bajo la mesa, tocan el claxon sin motivo, disfrutan con el sadismo laboral; se ríen de los miopes, las obesas y los mayores y no se te ocurra chistarlos. Pero te has acordado del Canis dirus, los neandertales y la sonrisa que alguien te devolvió. Ahora, solo queda esperar a que Darwin haga su trabajo... ☐
Conocimiento sintáctico. Conteste a las siguientes preguntas (0,75 puntos):
- Pero te has acordado del Canis dirus, los neandertales y la sonrisa que alguien te devolvió.
- Pero has recordado el Canis dirus, los neandertales y la sonrisa que alguien te devolvió.
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Las noticias ayudan poco a ver el aspecto amable de las cosas. A las guerras, el cambio climático, los líderes tiránicos, la crisis de la vivienda y la muerte de Jane Goodall, ahora se suma la amenaza de quiebra de la empresa Mr. Wonderful. El señor maravilloso tiene alguna complicación para poner en práctica su propia filosofía. La marca es conocida por la comercialización de diversos tipos de soportes: tazas, agendas, llaveros, bolsas, paraguas y un sinfín de bagatelas, donde imprime las llamadas «frases motivadoras»: «Alegría desde primera hora del día», «Si lo crees, lo creas», «Con ganas, seguro que ganas»... En un principio, no parece mala idea que, aunque sea solo en el café de la mañana, leamos algo agradable. El poder de las palabras es extraordinario, pero no infinito. Para que aquello que nos digamos a nosotros mismos y a los demás tenga una verdadera consecuencia positiva requiere algo más que cuatro palabras simpáticas junto a un zurullito sonriente. La ciencia nos aporta algunas claves que demuestran la capacidad de la palabra a la hora de vivir mejor.
LA CIENCIA BENEFICIA, Y MUCHO, A LA SALUD. La neurolingüística nos confirma que ser amables mediante nuestro lenguaje y nuestras acciones favorece la salud mental y, además, la física. El neurocientífico Jonathan Benito, en El poder de la amabilidad, habla de la curiosa historia de la evolución del lobo al perro, con el que comparte el noventa y nueve por ciento de su información genética. El «lobo terrible» es como se llamaba a una especie ya extinta: el Canis dirus, una especie agresiva, temible y violenta. Hasta llegar a convertirse en el mejor amigo del hombre han pasado milenios y la clave de esta transformación reside en la prosociabilidad; es decir, un comportamiento de interacción basado en la cordialidad. Los lobos firmaron su supervivencia cuando comenzaron a relacionarse con los humanos. En la búsqueda de alimento dentro de los poblados, encontraron un beneficio extra al mero sustento.
Hallaron un modo de vida que les permitía perpetuarse, la felicidad biológica para la que todos los seres vivos están condicionados genéticamente: mantenerse con vida y reproducirse. Igual sucedió con los primeros Homo sapiens cuando al llegar a Europa se toparon con los neandertales, unos seres inteligentes, duros frente a circunstancias climáticas extremas, con lenguaje e incluso con cierto sentimiento espiritual que los llevaba a enterrar a sus muertos. Desaparecieron hace unos cuarenta mil años y, aunque las causas son múltiples, tal vez una fue la falta de habilidad en las relaciones con otros neandertales que, al final, resolvían con brutalidad.
LA AMABILIDAD NOS SALVÓ COMO ESPECIE y también en otras ocasiones más anecdóticas, pero no menos importantes. Ese día en que sin saber qué significaba «diálogo interno positivo» lo pusiste en práctica, sin frases de medio pelo, con plena conciencia. En una conversación te dio por preguntar en vez de imponer, escuchaste atentamente, saludaste e incluso sonreíste; puede que pensaras que el otro no llevaba la razón, pero te dijiste, «oye, quizás esta vez quien no la lleve soy yo». Dejaste de llamarte inútil, tonto, incapaz, culpable; por tu culpa, por tu culpa, por tu gran culpa. Borraste del diccionario «y si...», «Siempre», «nunca» y otros augurios improbables, que dejaste en manos de adivinos del futuro incierto. Actuaste lo mejor que pudiste, porque el tema de los milagros lo llevan otros. Desprecias a quienes escupen por la calle, suben el volumen del móvil en los hospitales, hablan en el cine, comen con la boca abierta y una mano bajo la mesa, tocan el claxon sin motivo, disfrutan con el sadismo laboral; se ríen de los miopes, las obesas y los mayores y no se te ocurra chistarlos. Pero te has acordado del Canis dirus, los neandertales y la sonrisa que alguien te devolvió. Ahora, solo queda esperar a que Darwin haga su trabajo... ☐
Reflexión sobre la lengua. Conteste a 2 de las siguientes preguntas (1 punto):
- dos palabras que pertenezcan al campo asociativo de la “evolución”.
un sinónimo de “cortesía”.
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Las noticias ayudan poco a ver el aspecto amable de las cosas. A las guerras, el cambio climático, los líderes tiránicos, la crisis de la vivienda y la muerte de Jane Goodall, ahora se suma la amenaza de quiebra de la empresa Mr. Wonderful. El señor maravilloso tiene alguna complicación para poner en práctica su propia filosofía. La marca es conocida por la comercialización de diversos tipos de soportes: tazas, agendas, llaveros, bolsas, paraguas y un sinfín de bagatelas, donde imprime las llamadas «frases motivadoras»: «Alegría desde primera hora del día», «Si lo crees, lo creas», «Con ganas, seguro que ganas»... En un principio, no parece mala idea que, aunque sea solo en el café de la mañana, leamos algo agradable. El poder de las palabras es extraordinario, pero no infinito. Para que aquello que nos digamos a nosotros mismos y a los demás tenga una verdadera consecuencia positiva requiere algo más que cuatro palabras simpáticas junto a un zurullito sonriente. La ciencia nos aporta algunas claves que demuestran la capacidad de la palabra a la hora de vivir mejor.
LA CIENCIA BENEFICIA, Y MUCHO, A LA SALUD. La neurolingüística nos confirma que ser amables mediante nuestro lenguaje y nuestras acciones favorece la salud mental y, además, la física. El neurocientífico Jonathan Benito, en El poder de la amabilidad, habla de la curiosa historia de la evolución del lobo al perro, con el que comparte el noventa y nueve por ciento de su información genética. El «lobo terrible» es como se llamaba a una especie ya extinta: el Canis dirus, una especie agresiva, temible y violenta. Hasta llegar a convertirse en el mejor amigo del hombre han pasado milenios y la clave de esta transformación reside en la prosociabilidad; es decir, un comportamiento de interacción basado en la cordialidad. Los lobos firmaron su supervivencia cuando comenzaron a relacionarse con los humanos. En la búsqueda de alimento dentro de los poblados, encontraron un beneficio extra al mero sustento.
Hallaron un modo de vida que les permitía perpetuarse, la felicidad biológica para la que todos los seres vivos están condicionados genéticamente: mantenerse con vida y reproducirse. Igual sucedió con los primeros Homo sapiens cuando al llegar a Europa se toparon con los neandertales, unos seres inteligentes, duros frente a circunstancias climáticas extremas, con lenguaje e incluso con cierto sentimiento espiritual que los llevaba a enterrar a sus muertos. Desaparecieron hace unos cuarenta mil años y, aunque las causas son múltiples, tal vez una fue la falta de habilidad en las relaciones con otros neandertales que, al final, resolvían con brutalidad.
LA AMABILIDAD NOS SALVÓ COMO ESPECIE y también en otras ocasiones más anecdóticas, pero no menos importantes. Ese día en que sin saber qué significaba «diálogo interno positivo» lo pusiste en práctica, sin frases de medio pelo, con plena conciencia. En una conversación te dio por preguntar en vez de imponer, escuchaste atentamente, saludaste e incluso sonreíste; puede que pensaras que el otro no llevaba la razón, pero te dijiste, «oye, quizás esta vez quien no la lleve soy yo». Dejaste de llamarte inútil, tonto, incapaz, culpable; por tu culpa, por tu culpa, por tu gran culpa. Borraste del diccionario «y si...», «Siempre», «nunca» y otros augurios improbables, que dejaste en manos de adivinos del futuro incierto. Actuaste lo mejor que pudiste, porque el tema de los milagros lo llevan otros. Desprecias a quienes escupen por la calle, suben el volumen del móvil en los hospitales, hablan en el cine, comen con la boca abierta y una mano bajo la mesa, tocan el claxon sin motivo, disfrutan con el sadismo laboral; se ríen de los miopes, las obesas y los mayores y no se te ocurra chistarlos. Pero te has acordado del Canis dirus, los neandertales y la sonrisa que alguien te devolvió. Ahora, solo queda esperar a que Darwin haga su trabajo... ☐
La lengua y sus hablantes. Comente y justifique con ejemplos concretos la presencia de la función metalingüística del lenguaje en el texto (120 palabras) (1,25 puntos).
Llamaron al viejo Pedro García, que llegó arrastrando sus pies, tan oscuro, empequeñecido y desdentado, que Esteban se sobresaltó al comprobar el paso del tiempo. El viejo escuchó con el sombrero en la mano, mirando el suelo y masticando el aire con sus encías desnudas. Después pidió un pañuelo blanco, que Férula le trajo del armario de Esteban, y salió de la casa, cruzó el patio y se fue derecho al huerto, seguido por todos los habitantes de la casa y por el enano extranjero, que sonreía con desprecio, ¡estos bárbaros, oh God! El anciano se encuclilló con dificultad y comenzó a juntar hormigas. Cuando tuvo un puñado, las puso dentro del pañuelo, anudó las cuatro puntas y metió el atadito en su sombrero.
—Les voy a mostrar el camino, para que se vayan, hormigas, y para que se lleven a las demás—dijo.
El viejo se subió en un caballo y se fue al paso murmurando consejos y recomendaciones para las hormigas, oraciones de sabiduría y fórmulas de encantamiento. Lo vieron alejarse rumbo al límite de la propiedad. [...]
A la mañana siguiente vieron que no había hormigas en la cocina, tampoco en la despensa, buscaron en el granero, el establo, en los gallineros, salieron a los potreros, fueron hasta el río, revisaron todo y no encontraron una sola, ni para muestra. El técnico se puso frenético.
Sitúe este texto en el argumento de la obra: qué ocurre en el fragmento, qué ocurre antes y después y qué importancia tiene en la obra (80-120 palabras) (1 punto).
Llamaron al viejo Pedro García, que llegó arrastrando sus pies, tan oscuro, empequeñecido y desdentado, que Esteban se sobresaltó al comprobar el paso del tiempo. El viejo escuchó con el sombrero en la mano, mirando el suelo y masticando el aire con sus encías desnudas. Después pidió un pañuelo blanco, que Férula le trajo del armario de Esteban, y salió de la casa, cruzó el patio y se fue derecho al huerto, seguido por todos los habitantes de la casa y por el enano extranjero, que sonreía con desprecio, ¡estos bárbaros, oh God! El anciano se encuclilló con dificultad y comenzó a juntar hormigas. Cuando tuvo un puñado, las puso dentro del pañuelo, anudó las cuatro puntas y metió el atadito en su sombrero.
—Les voy a mostrar el camino, para que se vayan, hormigas, y para que se lleven a las demás—dijo.
El viejo se subió en un caballo y se fue al paso murmurando consejos y recomendaciones para las hormigas, oraciones de sabiduría y fórmulas de encantamiento. Lo vieron alejarse rumbo al límite de la propiedad. [...]
A la mañana siguiente vieron que no había hormigas en la cocina, tampoco en la despensa, buscaron en el granero, el establo, en los gallineros, salieron a los potreros, fueron hasta el río, revisaron todo y no encontraron una sola, ni para muestra. El técnico se puso frenético.
Redacte una breve descripción del personaje de Pedro García Primero y explique qué relevancia tiene en La casa de los espíritus. Justifique su respuesta con ejemplos tomados del texto (80-120 palabras) (1 punto).
Llamaron al viejo Pedro García, que llegó arrastrando sus pies, tan oscuro, empequeñecido y desdentado, que Esteban se sobresaltó al comprobar el paso del tiempo. El viejo escuchó con el sombrero en la mano, mirando el suelo y masticando el aire con sus encías desnudas. Después pidió un pañuelo blanco, que Férula le trajo del armario de Esteban, y salió de la casa, cruzó el patio y se fue derecho al huerto, seguido por todos los habitantes de la casa y por el enano extranjero, que sonreía con desprecio, ¡estos bárbaros, oh God! El anciano se encuclilló con dificultad y comenzó a juntar hormigas. Cuando tuvo un puñado, las puso dentro del pañuelo, anudó las cuatro puntas y metió el atadito en su sombrero.
—Les voy a mostrar el camino, para que se vayan, hormigas, y para que se lleven a las demás—dijo.
El viejo se subió en un caballo y se fue al paso murmurando consejos y recomendaciones para las hormigas, oraciones de sabiduría y fórmulas de encantamiento. Lo vieron alejarse rumbo al límite de la propiedad. [...]
A la mañana siguiente vieron que no había hormigas en la cocina, tampoco en la despensa, buscaron en el granero, el establo, en los gallineros, salieron a los potreros, fueron hasta el río, revisaron todo y no encontraron una sola, ni para muestra. El técnico se puso frenético.
Explique qué rasgo propio del Realismo Mágico se puede apreciar en este fragmento. Justifique su respuesta con ejemplos tomados del texto (60-70 palabras) (1 punto).
Llamaron al viejo Pedro García, que llegó arrastrando sus pies, tan oscuro, empequeñecido y desdentado, que Esteban se sobresaltó al comprobar el paso del tiempo. El viejo escuchó con el sombrero en la mano, mirando el suelo y masticando el aire con sus encías desnudas. Después pidió un pañuelo blanco, que Férula le trajo del armario de Esteban, y salió de la casa, cruzó el patio y se fue derecho al huerto, seguido por todos los habitantes de la casa y por el enano extranjero, que sonreía con desprecio, ¡estos bárbaros, oh God! El anciano se encuclilló con dificultad y comenzó a juntar hormigas. Cuando tuvo un puñado, las puso dentro del pañuelo, anudó las cuatro puntas y metió el atadito en su sombrero.
—Les voy a mostrar el camino, para que se vayan, hormigas, y para que se lleven a las demás—dijo.
El viejo se subió en un caballo y se fue al paso murmurando consejos y recomendaciones para las hormigas, oraciones de sabiduría y fórmulas de encantamiento. Lo vieron alejarse rumbo al límite de la propiedad. [...]
A la mañana siguiente vieron que no había hormigas en la cocina, tampoco en la despensa, buscaron en el granero, el establo, en los gallineros, salieron a los potreros, fueron hasta el río, revisaron todo y no encontraron una sola, ni para muestra. El técnico se puso frenético.
Comente el papel del narrador en este fragmento: quién es y de qué tipo de narrador se trata. Justifique su respuesta con ejemplos tomados del texto (60-70 palabras) (1 punto).
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