
Es la pregunta que aparece en todas las conversaciones entre padres a partir de septiembre: ¿cuándo debería mi hijo empezar a preparar la selectividad (PAU)? La respuesta no es la misma para todos, pero sí hay un momento en el que esperar empieza a costar caro. Si quieres entender todo el proceso desde la perspectiva familiar, consulta nuestra guía para padres sobre la selectividad 2026.
El dilema: ¿septiembre o enero?
Cuando empieza 2.º de Bachillerato, la selectividad parece lejana. Quedan nueve meses, hay tiempo de sobra, el curso acaba de arrancar. Muchas familias piensan que ya habrá momento para ponerse serios más adelante. Y en parte tienen razón: septiembre no es urgencia. Pero enero llega antes de lo que parece.
El primer trimestre es clave para asentar bases. Si tu hijo llega a Navidad con las asignaturas al día y notas razonables, tiene margen. Si llega con suspensos o con la sensación de que no entiende la materia, enero ya es tarde para improvisar. El segundo trimestre es el más denso en contenido nuevo y coincide con la presión de las notas de cara a la media de Bachillerato.
La recomendación general: empezar a preparar la selectividad de forma específica (no solo estudiar para los exámenes del instituto) entre octubre y enero, según el perfil del alumno. Revisa las fechas de la selectividad 2026 para calcular cuánto tiempo real queda.
Qué pasa si empieza demasiado pronto
Sí, existe el «demasiado pronto», aunque es menos frecuente de lo que crees. Algunos alumnos empiezan en verano antes de 2.º de Bachillerato con clases intensivas y simulacros. El problema: aún no han visto el temario completo, así que están entrenando con herramientas a medio construir.
El riesgo real de empezar muy pronto no es académico, es emocional. Un alumno que lleva ocho meses en modo selectividad llega a mayo agotado. La motivación se desgasta, la ansiedad se cronifica y el rendimiento baja justo cuando debería estar en su punto más alto. Eso no significa que no deba hacer nada hasta marzo, sino que hay que dosificar.
Dosificar, no saturar
Lo ideal en el primer trimestre es consolidar lo que se va viendo en clase, resolver las lagunas que arrastra de 1.º de Bachillerato y, como mucho, empezar a mirar exámenes de selectividad de años anteriores para entender qué tipo de preguntas caen. Todo esto se puede hacer con un plan de estudio bien organizado, como explica nuestra sección sobre planificación del estudio.
Qué pasa si empieza demasiado tarde
Este es el escenario más habitual y el más peligroso. Muchos alumnos llegan a marzo convencidos de que «en dos meses se puede preparar todo». Técnicamente es posible, como contamos en cómo preparar la selectividad en 3 meses, pero requiere una disciplina y un método que no todo el mundo tiene.
El problema de empezar tarde no es solo el tiempo: es la acumulación. A falta de tres meses, el alumno tiene que preparar la selectividad, estudiar para los exámenes finales de Bachillerato (que cuentan un 60% de la nota de acceso) y, en muchos casos, decidir qué carrera quiere. Todo a la vez. La presión se multiplica y el rendimiento baja.
Otro efecto poco visible: empezar tarde reduce las opciones. Un alumno que empieza en enero puede plantearse subir nota con la fase voluntaria y preparar asignaturas extra para mejorar sus ponderaciones. Un alumno que empieza en abril apenas tiene tiempo para la fase obligatoria. Y las ponderaciones pueden ser la diferencia entre entrar o no en la carrera que quiere.
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El momento ideal depende del alumno
No hay una fecha universal. Lo que funciona para tu hijo depende de tres factores: su nivel actual en las asignaturas clave, la nota que necesita y su capacidad de trabajo autónomo. Aquí van tres perfiles típicos:
Alumno con buena base (media de 7+): puede empezar la preparación específica para la selectividad en enero o febrero. El primer trimestre, que siga con el ritmo del instituto y refuerce lo que necesite. A partir de enero, empieza con exámenes de años anteriores y simulacros progresivos.
Alumno con base media (media de 5-6): debería empezar en octubre o noviembre. Necesita tiempo para cerrar lagunas antes de poder entrenar el formato de examen. Si espera a enero, arrastrará carencias que lastrarán todo el proceso.
Alumno con dificultades (suspensos o media baja): cuanto antes. Si en septiembre ya tiene asignaturas pendientes de 1.º o arrastra un historial de dificultades, necesita apoyo desde el primer día de curso. En estos casos, consultar si merece la pena una academia puede ahorrarte meses de incertidumbre.
Señales de que tu hijo necesita empezar ya
Ojo con estas señales
Las notas del primer trimestre están por debajo de lo que necesita. Si aspira a una carrera con nota de corte de 10 y lleva un 6 de media en Bachillerato, las cuentas no salen. Consulta nuestra guía de notas de corte 2026 y usa la calculadora gratuita de nota PAU para hacer números reales.
No entiende asignaturas fundamentales. Si dice «no me entero de nada en Matemáticas» y ya van por el segundo tema, el problema se va a hacer más grande, no más pequeño. Las asignaturas de ciencias son acumulativas: lo que no entiende hoy será la base de lo que no entienda mañana.
Evita estudiar o se agobia al intentarlo. A veces no es falta de voluntad, sino falta de método o de confianza. Un alumno que se sienta a estudiar y a los 20 minutos se levanta porque «no le sale» necesita que alguien le enseñe a trabajar de forma eficiente. Si tu hijo muestra síntomas de ansiedad, lee también nuestra guía sobre ansiedad ante la selectividad para padres.
No sabe qué carrera quiere. La indecisión sobre el futuro se traduce en falta de motivación presente. Si no sabe por qué estudia, le costará mucho más sentarse a hacerlo. Ayúdale a explorar opciones, pero sin presionar.
El coste real de esperar
Esperar no es gratis. Cada mes que pasa sin preparación específica tiene un coste medible. No hablamos solo de dinero —aunque los cursos intensivos de última hora suelen ser más caros que una preparación planificada, como muestra nuestro análisis de cuánto cuesta preparar la selectividad—, sino de oportunidades.
Un alumno que empieza en octubre tiene 8 meses para subir de un 5 a un 8 en Matemáticas. Uno que empieza en marzo tiene 3. El primero puede hacerlo con calma, integrando la preparación en su rutina. El segundo necesita un esfuerzo heroico que no siempre es sostenible. Y el estrés de ir contrarreloj afecta al rendimiento: es una espiral negativa.
El coste emocional también importa. Un alumno que se siente preparado llega al examen con confianza. Uno que sabe que ha empezado tarde llega con miedo. Y el miedo, en un examen de 90 minutos, es el peor enemigo. Si quieres saber qué esperar ese día, lee nuestra guía sobre el día del examen de selectividad.
Si estás leyendo esto y dudas, la respuesta probablemente es «ahora». No mañana, no el lunes que viene, no después de Navidad. Infórmate, habla con tu hijo y, si veis que necesita apoyo, buscadlo. La diferencia entre empezar hoy y empezar dentro de un mes puede ser la diferencia entre entrar en la carrera que quiere o quedarse fuera.
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